Ayer asistí a mi primera clase de
teatro. Primera conclusión: Un mar de emociones. Durante las dos horas que duró
la clase transite por infinidad de estados. Sentí duda, miedo, alegría, vergüenza, valentía,
complicidad… Y al final una
emoción de euforia se apodero de mi cuerpo. Salí del aula totalmente revitalizado
y ansioso por correr, saltar, bailar y gritar.
El día estaba lluvioso.
Se acercaba la hora de la clase y pensaba… ¿Ahora ir al taller de teatro?.. ¡Qué
boludez! Con cuarenta años uno ya no está para estas cosas. Pero finalmente, empujado por no sé qué impulso, asistí.
Al descubrir a los que serían
mis compañeros de aula sentí que ese no era mi lugar. No encajaba ni en sexo ni
en edad. La mayoría de asistentes eran chicas de no más de 23 años. ¡Qué pintaba un boludo español de 40 años ahí!
Me toco el turno de
presentarme. Tenía que explicar quién era y cuál era el principal motivo para
asistir al taller. Tenía todo un discurso preparado sobre lo necesaria que es
la interpretación para desenvolverse en la vida. No me dejaron pronunciar
palabra. Fue abrir la boca y un murmullo general se apoderó del lugar.
- “¿Vos de donde sos?”.
Me pregunto la dulce voz de la profesora.
- “De España”. Conteste con una media sonrisa en la boca.
- “Qué lindo lugar y que linda tonada”. Comento
una voz de adolescente.
¡¡Qué linda tonada!!. Repetí para mí mismo. Si se supone que los de la linda tonada sois
vosotros. En ese momento me di cuenta de
que lo diferente casi siempre causa admiración. De que lo desconocido tiene un
poder de atracción irresistible para la mayoría de la gente.
Una vez realizadas las
presentaciones de rigor empezamos con los ejercicios. Empezamos por un simple
caminar mirándonos unos a otros. Después
teníamos que entablar conversación. Simular que te encontrabas con un amigo de
toda la vida al que hacía tiempo que no veías.
Fueron minutos de vergüenza. Realmente
no sabía que decir. ¿Todo bien?.. Si, muy bien.. ¿Y tus padres que tal?... fueron
las únicas palabra que conseguí balbucear con un gran esfuerzo.
Durante la clase los
ejercicios de improvisación se iban sucediendo. A medida que los minutos transcurrían
los alumnos se iban soltando cada vez más.
Es increíble con qué facilidad se contagian los ánimos entre los
asistentes en un grupo cerrado. El grupo
cada vez andaba más suelto y yo cada vez más centrado y más metido en la clase.
En dos horas fui un
turista visitando un museo. Acudí a una discoteca e invité unos tragos a una
chica. Asistí a un casting y acabé haciendo
de caracol…
Realmente el teatro es
magia. En el momento en que eres capaz de
dejar todas tus preocupaciones en la puerta. Cuando eres capaz de introducirte plenamente
en la interpretación, te vuelves consciente de
todo lo que sientes y de todo lo que eres.
Ayer lo pude descubrir por mí mismo. Dicen que
una vez que te subes al escenario uno ya no se quiere bajar. Yo, por mi carácter tímido y controlado, pensé
que no encajaría pero estuvo muy bueno
(como dicen acá) y el lunes que viene repetiré.
Porque ayer descubrí que
el teatro no es el arte de interpretar un personaje. El teatro es
principalmente un mecanismo que te ayuda a conocerte y a descubrir todo lo que
sientes.
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