martes, 22 de mayo de 2012

Mi primera clase de teatro.


Ayer asistí a mi primera clase de teatro. Primera conclusión: Un mar de emociones. Durante las dos horas que duró la clase transite por infinidad de estados. Sentí duda, miedo, alegría, vergüenza,  valentía,  complicidad…  Y al final una emoción de euforia se apodero de mi cuerpo. Salí del aula totalmente revitalizado y ansioso por correr, saltar, bailar y gritar.

El día estaba lluvioso. Se acercaba la hora de la clase y pensaba… ¿Ahora ir al taller de teatro?.. ¡Qué boludez! Con cuarenta años uno ya no está para estas cosas. Pero finalmente, empujado por no sé qué impulso, asistí.  

Al descubrir a los que serían mis compañeros de aula sentí que ese no era mi lugar. No encajaba ni en sexo ni en edad. La mayoría de asistentes eran chicas de no más de 23 años.  ¡Qué pintaba un boludo español de 40 años ahí! 

Me toco el turno de presentarme. Tenía que explicar quién era y cuál era el principal motivo para asistir al taller. Tenía todo un discurso preparado sobre lo necesaria que es la interpretación para desenvolverse en la vida. No me dejaron pronunciar palabra. Fue abrir la boca y un murmullo general se apoderó del lugar.

- “¿Vos de donde sos?”. Me pregunto la dulce voz de la profesora. 
- “De España”.  Conteste con una media sonrisa en la boca.
 - “Qué lindo lugar y que linda tonada”. Comento una voz de adolescente.

¡¡Qué linda tonada!!.  Repetí para mí mismo.  Si se supone que los de la linda tonada sois vosotros.  En ese momento me di cuenta de que lo diferente casi siempre causa admiración. De que lo desconocido tiene un poder de atracción irresistible para la mayoría de la gente.

Una vez realizadas las presentaciones de rigor empezamos con los ejercicios. Empezamos por un simple caminar mirándonos unos a otros.  Después teníamos que entablar conversación. Simular que te encontrabas con un amigo de toda la vida al que hacía tiempo que no veías.  Fueron minutos de vergüenza.   Realmente no sabía que decir. ¿Todo bien?.. Si, muy bien.. ¿Y tus padres que tal?... fueron las únicas palabra que conseguí balbucear con un gran esfuerzo.

Durante la clase los ejercicios de improvisación se iban sucediendo. A medida que los minutos transcurrían los alumnos se iban soltando cada vez más.  Es increíble con qué facilidad se contagian los ánimos entre los asistentes en un grupo cerrado.  El grupo cada vez andaba más suelto y yo cada vez más centrado y más metido en la clase.

En dos horas fui un turista visitando un museo. Acudí a una discoteca e invité unos tragos a una chica.  Asistí a un casting y acabé haciendo de caracol…

Realmente el teatro es magia.  En el momento en que eres capaz de dejar todas tus preocupaciones en la puerta.  Cuando eres capaz de introducirte plenamente en la interpretación,  te vuelves consciente de todo lo que sientes y de todo lo que eres. 

 Ayer lo pude descubrir por mí mismo. Dicen que una vez que te subes al escenario uno ya no se quiere bajar.  Yo, por mi carácter tímido y controlado, pensé que no encajaría pero estuvo muy bueno (como dicen acá) y el lunes que viene repetiré. 

Porque ayer descubrí que el teatro no es el arte de interpretar un personaje. El teatro es principalmente un mecanismo que te ayuda a conocerte y a descubrir todo lo que sientes.

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