miércoles, 24 de octubre de 2012

Mi sueño

Tengo un sueño que si os contara me trataríais de loco. Tener sueños a los 40 es un poco locura. Intentar luchar por él cuando uno tiene familia es un poco locura. De hecho lo primero que hago últimamente cuando me levanto es desechar ese sueño. Es sólo un sueño, quizá no sirva para ello, seguramente fracasaría en el intento… ¿Para qué intentarlo?

Hay momentos, como éste, que creo que debería luchar por él. Hay momentos que pienso que todos tenemos un propósito en esta vida y los sueños no son más que guías que te ayudan a descubrirlo. A veces creo que el que no lucha por sus sueños está perdiendo su vida.

Hay otros momentos que pienso que los sueños son sólo para adolescentes. Qué tener sueños a estas alturas ya está demás, que tengo que aprender a controlar mi mente fantasiosa para dedicarme únicamente a mi vida actual, a mi quehacer actual.

Realmente, prefiero la primera opción. Creer que, a pesar de mi edad, algún día me levantaré dispuesto a luchar por mi sueño me ayuda a disfrutar más de todo (Aunque reconozco que alguna noche me despierto sudoroso pensando que no estoy haciendo nada por él).

No sé, desechar un sueño no es tan fácil… creo que, y a pesar de mi edad, quiero luchar por él. Al menos cuando muera podrán escribir en mi epitafio... “No lo consiguió... pero murió luchando por su sueño”.

Soy un mar de dudas… Me decido a luchar por mi sueño y sin más aparece otro pensamiento que me dice... “¿Estás loco?. Y si fracasas… Piensa que tienes una responsabilidad, que tienes hijos que educar... una familia que mantener” e inicia una contienda con la otra voz que dice “Pibe, la vida son cuatro días.. Luchá por tu sueño... no seas boludo, el que no lucha por sus sueños se convierte en una sombra de lo que pudo haber sido. Dejá el miedo y tu vida será macanuda. Hazlo por vos y por los tuyos” (es curioso que la segunda voz siempre me hable e argentino).

Sí, soy un mar de dudas y mientras tanto los días pasan y mi sueño se desvanece. Si quiero luchar por él tengo que empezar ya, en este momento.

Por eso escribo estas líneas, escribir me ayuda a aclarar mis ideas. Es más, cuando escribo descubro ideas que habitan en mi inconsciente que ni siquiera imaginaba.

Gracias letras por ayudarme a soñar. Gracias compañeros poetas, compañeros escritores por compartir conmigo vuestros sueños…. porque sin sueños la vida no tendría luz.. y el mundo sería un lugar habitado por fantasmas.

viernes, 12 de octubre de 2012

El Payaso Piglia

“Aquí huele a muerto”… Le comento la señora Fernández a su rechoncho esposo al pasar frente al número 118 de la Calle Melancolía… a lo que él respondió:
“¿Ah muerto?.. A lo único que huelo es a un delicioso asado que, por cierto, me ha abierto el apetito… ¿A que restaurante vamos a comer hoy mi pichoncito”?

Tres días después se celebraba en la Iglesia de San Pedro y San Pablo el sepelio del payaso Piglia, que fue hallado brutamente asesinado en el 118 de la Calle Melancolía. Los policías que revisaron el cuerpo declararon que sorprendía la brutalidad utilizada por el asesino. Sus ojos fueron arrancados, fue decapitado y su cuerpo sin cabeza colgado por los pies.


Entre los asistentes al funeral destacaba Karina, una espectacular rubia de metro ochenta y con busto de talla similar. Karina era la novia del payaso Piglia. Todos en el barrio se preguntaban como un tipo así, feo, bajito y sin un peso en el bolsillo pudo conquistar el corazón de tal belleza. Pero pocos sabían que unos días antes del cruel homicidio nuestro protagonista había contratado un seguro de vida por valor de un millón de dólares y que el único beneficiario era su espectacular novia.

Karina, ante la sorpresa de todos, sobre todo la del párroco que la observaba atónito, se dirigió al altar con paso lento, con el caminar de la que sabe que todos la observan y admiran. Y eso a Karina, le encantaba. Después de susurrarle algo al oído (al del cura no al del muerto) empezó a hablar. Con tono de voz remilgado y algo fingido empezó a relatar las bondades de su amado. Dulce, cariñoso, divertido para acabar con el típico tópico de que siempre se van los mejores… Regreso a su lugar sin que nadie entre los asistentes se percatara del brillo especial en su mirada… el brillo de la codicia saciada.

Todos en la iglesia sabían que las palabras de Karina eran falsas. El payaso Piglia destacaba más bien por todo lo contrario, era borde, sarcástico y le gustaba humillar al resto de la gente, sobre todo sí era del sexo contrario y estaban enamoradas de él . Su único don, una gracia fuera de lo común para contar chistes. Cualquier boludez expulsada por su boca resultaba graciosa, palabras que dichas por cualquier otra persona resultaban una sandez dichas por él producían carcajadas.

Durante una tiempo gozó de cierta fama, incluso llego a aparecer en algún reality show. Daba juego para ello. Pero con el tiempo llego a resultar monótono y aburrido. Sus chistes eran los mismos de siempre y sus gracias llegaron a ser previsibles, que es lo peor que le puede pasar a un humorista. Fue por eso que acabo actuando los viernes por la noche en un antro de mala muerte rodeado de gente de mal vivir. En esa época fue cuando el payaso Piglia se volvió adicto a la cocaína y a frecuentar salones de juego clandestinos.